GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Maquilla su derrota la ironía dulce,
y disfraza de dulzura su caída irónica,
mientras, en la otra calle, se amarga la victoria ajena.
Negocian algunos el valor de un beso inolvidable,
y otros regalan el precio del olvido innegociable,
en el reflejo sin pudor de un reloj con el tiempo vencido.
Muestran sus afiches nuevos, las viejas paredes,
y los carteles viejos se esconden entre nuevos revoques,
cuando otra versión mía despierta riendo, en el cielo borroso de la memoria.
Desnúdame del ruido, acariciándome en los semáforos;
los semáforos inservibles me visten de silencio,
pero bésame lento si te vas por otras abandonadas calles subterráneas.
Saltará un lunes fugaz, despertando de golpe,
y un golpe secreto asaltará con ambigüedad al martes,
como si un domingo infinito se rehusara abrir los ojos del todo.
Se cruza todo con un aire sensual, ambiguo y original,
y se mezcla con otro poco, casto, claro y berreta,
mientras la calma despeinada se duerme llorando sola en la vereda.
Alguna siesta bosteza: a veces.
Varias mañanas despiertan: casi siempre.
Yo me rompo, con prisa de vos.
Yo me reconstruyo, lentamente, sin saberlo.
Puro reflejo, en mi espejo escondido detrás del deseo.
y disfraza de dulzura su caída irónica,
mientras, en la otra calle, se amarga la victoria ajena.
Negocian algunos el valor de un beso inolvidable,
y otros regalan el precio del olvido innegociable,
en el reflejo sin pudor de un reloj con el tiempo vencido.
Muestran sus afiches nuevos, las viejas paredes,
y los carteles viejos se esconden entre nuevos revoques,
cuando otra versión mía despierta riendo, en el cielo borroso de la memoria.
Desnúdame del ruido, acariciándome en los semáforos;
los semáforos inservibles me visten de silencio,
pero bésame lento si te vas por otras abandonadas calles subterráneas.
Saltará un lunes fugaz, despertando de golpe,
y un golpe secreto asaltará con ambigüedad al martes,
como si un domingo infinito se rehusara abrir los ojos del todo.
Se cruza todo con un aire sensual, ambiguo y original,
y se mezcla con otro poco, casto, claro y berreta,
mientras la calma despeinada se duerme llorando sola en la vereda.
Alguna siesta bosteza: a veces.
Varias mañanas despiertan: casi siempre.
Yo me rompo, con prisa de vos.
Yo me reconstruyo, lentamente, sin saberlo.
Puro reflejo, en mi espejo escondido detrás del deseo.