IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Teñidos de tanta ceniza,
tragamos vientos
de cauces petrificados,
nuestra vista tiende a la quietud,
admirando a un mundo igual de inmóvil,
el tiempo se digna a inmolarse,
allí arriba,
donde duerme dios,
por última vez,
no sueñan ni las nubes,
solo lloran,
y aunque sus lágrimas no tocan el suelo,
se perciben,
en la memoria del presente,
como un futuro abandonado
y lamentado,
desde pasados permanentes.
tragamos vientos
de cauces petrificados,
nuestra vista tiende a la quietud,
admirando a un mundo igual de inmóvil,
el tiempo se digna a inmolarse,
allí arriba,
donde duerme dios,
por última vez,
no sueñan ni las nubes,
solo lloran,
y aunque sus lágrimas no tocan el suelo,
se perciben,
en la memoria del presente,
como un futuro abandonado
y lamentado,
desde pasados permanentes.