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Muchas cosas se han escrito

Asklepios

Incinerando envidias
Muchas cosas se han escrito relacionadas con los espejos: sus misterios, sus oscuros orígenes, sus extraños poderes, -ya sean éstos destructivos o creativos-, sus casi ilimitadas simbologías, -tantas que, incluso, es algo que abruma-…

Hoy, yo les voy a hablar de la blandura de su carácter, de ese mundo blando que habita en su interior.

Resulta paradójico la asombrosa escasez de referencias y comentarios que existen a este respecto. Quizás sea porque apenas nadie ha profundizado más allá de su aparente dureza, de sus primeras escamas. Lo cierto es que no es nada fácil, que es extremadamente complicado, conseguir la pulcritud necesaria con la que hacer posible la disección necesaria para tan complejo y exigente objetivo.

Han sido muchos, -quizás demasiados-, los años que se ha pasado la humanidad intentando conseguirlo. Unos se decidieron por frotar su superficie a intensidades y tiempos programados con anterioridad, convencidos de que así, llegarían antes o después a apreciar esa o esas diferencias necesarias para diferenciar esa, su aparente dureza, de la perseguida flacidez, de su maleable y deseada identidad.
 
Muchas cosas se han escrito relacionadas con los espejos: sus misterios, sus oscuros orígenes, sus extraños poderes, -ya sean éstos destructivos o creativos-, sus casi ilimitadas simbologías, -tantas que, incluso, es algo que abruma-…

Hoy, yo les voy a hablar de la blandura de su carácter, de ese mundo blando que habita en su interior.

Resulta paradójico la asombrosa escasez de referencias y comentarios que existen a este respecto. Quizás sea porque apenas nadie ha profundizado más allá de su aparente dureza, de sus primeras escamas. Lo cierto es que no es nada fácil, que es extremadamente complicado, conseguir la pulcritud necesaria con la que hacer posible la disección necesaria para tan complejo y exigente objetivo.

Han sido muchos, -quizás demasiados-, los años que se ha pasado la humanidad intentando conseguirlo. Unos se decidieron por frotar su superficie a intensidades y tiempos programados con anterioridad, convencidos de que así, llegarían antes o después a apreciar esa o esas diferencias necesarias para diferenciar esa, su aparente dureza, de la perseguida flacidez, de su maleable y deseada identidad.
Lejos de abrumarme, encuentro super interesante leer la diversidad de pensamientos sobre los espejos. Cada usuario tiene su propia visión. En la mayoría de los casos lo veo/leo como un acto de autoconexión. Sirve para mejorar la autoestimación. Una herramienta para la reflexión, conocimiento propio, autoaceptación, etc. En otras palabras, fomenta la introspección.
Hay una Teoría del Yo Espejo, eella es de Charles Horton Cooley, es muy interesante. La ley del espejo, es otra alternativa.
Buena prosa, me gustó. Cordial saludo.
 
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