Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Si yo fuera Mr. Jekyll y Mr. Hyde,
no sería dos hombres:
sería una negociación permanente.
Jekyll sería el que explica.
El que ordena el caos en frases completas,
el que ama con moderación,
el que dice “esto no conviene”
y cree que la razón es una forma decente de salvación.
Hyde, en cambio,
no explicaría nada.
Aparecería cuando el cuerpo ya decidió
y la conciencia llega tarde.
Hyde no ama: irrumpe.
No pido futuro,
no pido permiso,
no pido perdón.
Jekyll escribiría poemas para entender lo que siente.
Hyde los viviría mal,
los rompería,
los convertiría en errores memorables.
Jekyll diría: “esto duele”.
Hyde diría: “entonces es real”.
Entre los dos no habría guerra,
sino turnos.
Días en que uno sostiene la taza sin temblar
y noches en que el otro la estrella contra el suelo
solo para escuchar algo romperse.
Amaría como Jekyll:
con cuidado,
con palabras exactas,
con miedo a hacer daño.
Desamaría como Hyde:
con exceso,
con fuego,
con esa crueldad involuntaria
de quien no sabe irse despacio.
Y lo más terrible —lo más humano—
no sería tener dos rostros,
sino saber que ambos tenemos razón
y aun así
no puedo existir al mismo tiempo.
Porque amar así
no es una enfermedad.
Es una lucidez partida en dos:
una mitad que quiere salvarse
y otra que prefiere sentir aunque se pierda.
Si fuera Jekyll y Hyde,
no curaría.
Escribiría.
Hay fracturas
que no piden remedio,
solo un lenguaje
donde puedan respirar sin fingir unidad.
no sería dos hombres:
sería una negociación permanente.
Jekyll sería el que explica.
El que ordena el caos en frases completas,
el que ama con moderación,
el que dice “esto no conviene”
y cree que la razón es una forma decente de salvación.
Hyde, en cambio,
no explicaría nada.
Aparecería cuando el cuerpo ya decidió
y la conciencia llega tarde.
Hyde no ama: irrumpe.
No pido futuro,
no pido permiso,
no pido perdón.
Jekyll escribiría poemas para entender lo que siente.
Hyde los viviría mal,
los rompería,
los convertiría en errores memorables.
Jekyll diría: “esto duele”.
Hyde diría: “entonces es real”.
Entre los dos no habría guerra,
sino turnos.
Días en que uno sostiene la taza sin temblar
y noches en que el otro la estrella contra el suelo
solo para escuchar algo romperse.
Amaría como Jekyll:
con cuidado,
con palabras exactas,
con miedo a hacer daño.
Desamaría como Hyde:
con exceso,
con fuego,
con esa crueldad involuntaria
de quien no sabe irse despacio.
Y lo más terrible —lo más humano—
no sería tener dos rostros,
sino saber que ambos tenemos razón
y aun así
no puedo existir al mismo tiempo.
Porque amar así
no es una enfermedad.
Es una lucidez partida en dos:
una mitad que quiere salvarse
y otra que prefiere sentir aunque se pierda.
Si fuera Jekyll y Hyde,
no curaría.
Escribiría.
Hay fracturas
que no piden remedio,
solo un lenguaje
donde puedan respirar sin fingir unidad.
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