IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Tus instantes mortificados,
hacia una eternidad de dolor te asomas,
siempre azotada por propio gusto,
flagelada, te retuerces sin pausa,
deformando, ahora, tu carcasa horrible,
cabello blanco, seco por tu hambruna,
ojos sin brillo,
semblante de grisáceo desprecio,
vuelca tu desidia en tus labios,
sonrisa partida,
caída en desgracia,
desde un decir hasta la realidad,
hombros dislocados,
asimétricos,
sostienen a un corazón hastiado,
bajando, sin guía,
senos maleables,
repletos de coagulación y grasa,
ahora, sin vitalidad no es madre
quien se ha de pudrir,
costillas fracturadas,
se incrustan en tus pulmones negros,
la sangre expulsada y derramada,
cae por tu vientre,
y se posa en tu vulva,
demacrada por fluidos viscerales,
se abre, lacerada,
y vomita abominaciones sin nombre,
de tus caderas
hasta la punta de tus pies,
estos engendros te hacen arrastrarte,
como si tu martirio
fuera obligación permanente,
inconsciente,
maldices al infierno en el que pariste,
con arrepentimiento,
por no observar cumplirse,
como recompensa imposible,
el anhelo de un cielo merecido,
incinerado completamente
por la culpabilidad de tus acciones.
hacia una eternidad de dolor te asomas,
siempre azotada por propio gusto,
flagelada, te retuerces sin pausa,
deformando, ahora, tu carcasa horrible,
cabello blanco, seco por tu hambruna,
ojos sin brillo,
semblante de grisáceo desprecio,
vuelca tu desidia en tus labios,
sonrisa partida,
caída en desgracia,
desde un decir hasta la realidad,
hombros dislocados,
asimétricos,
sostienen a un corazón hastiado,
bajando, sin guía,
senos maleables,
repletos de coagulación y grasa,
ahora, sin vitalidad no es madre
quien se ha de pudrir,
costillas fracturadas,
se incrustan en tus pulmones negros,
la sangre expulsada y derramada,
cae por tu vientre,
y se posa en tu vulva,
demacrada por fluidos viscerales,
se abre, lacerada,
y vomita abominaciones sin nombre,
de tus caderas
hasta la punta de tus pies,
estos engendros te hacen arrastrarte,
como si tu martirio
fuera obligación permanente,
inconsciente,
maldices al infierno en el que pariste,
con arrepentimiento,
por no observar cumplirse,
como recompensa imposible,
el anhelo de un cielo merecido,
incinerado completamente
por la culpabilidad de tus acciones.