Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Había una luna traviesa,
que con pinceles dorados,
pintaba en el cielo de risas
y en los sueños encantados.
Cada noche al despertar,
cogía su pincel y,
con una risa de mar,
dibujaba el sol de mil.
Las estrellas, al verla,
se ponían a bailar,
porque la luna jugaba
con luces al caminar.
Un árbol en la colina
decía “¡Mira, mamá!
La luna pinta en el cielo
y las nubes la acompañarán.”
Un ratón que era poeta
se subió a un rayo fiel,
y, mirando su pintura,
le pidió un poco de miel.
“¡Oh luna, amiga mía,
si me das una estrella,
haré de la noche mía
una fiesta muy bella!”
Y la luna, en su reino,
sonrió con su pincel,
y en la frente de un sueño
pintó un arco iris fiel.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
que con pinceles dorados,
pintaba en el cielo de risas
y en los sueños encantados.
Cada noche al despertar,
cogía su pincel y,
con una risa de mar,
dibujaba el sol de mil.
Las estrellas, al verla,
se ponían a bailar,
porque la luna jugaba
con luces al caminar.
Un árbol en la colina
decía “¡Mira, mamá!
La luna pinta en el cielo
y las nubes la acompañarán.”
Un ratón que era poeta
se subió a un rayo fiel,
y, mirando su pintura,
le pidió un poco de miel.
“¡Oh luna, amiga mía,
si me das una estrella,
haré de la noche mía
una fiesta muy bella!”
Y la luna, en su reino,
sonrió con su pincel,
y en la frente de un sueño
pintó un arco iris fiel.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados