Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Había una flor pequeñita,
de pétalos como cristal,
que soñaba con caminos
y con mundos por visitar.
Un día al alba decidió
desplegar su luz al viento,
y así comenzó su viaje
siguiendo un dulce sentimiento.
Pasó por mares tranquilos
y por montañas de miel,
bailando con los arcoíris
y conversando con laurel.
Conoció una mariposa
que llevaba un vestido azul,
y un río le cantó historias
de peces que sueñan y van a la luz.
La flor viajera aprendió
que el mundo es un gran jardín,
donde cada paso cuenta
y cada alma guarda un jazmín.
Al final regresó contenta,
aunque lejos quiso estar,
pues llevaba en sus pétalos
un mundo entero por contar.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
de pétalos como cristal,
que soñaba con caminos
y con mundos por visitar.
Un día al alba decidió
desplegar su luz al viento,
y así comenzó su viaje
siguiendo un dulce sentimiento.
Pasó por mares tranquilos
y por montañas de miel,
bailando con los arcoíris
y conversando con laurel.
Conoció una mariposa
que llevaba un vestido azul,
y un río le cantó historias
de peces que sueñan y van a la luz.
La flor viajera aprendió
que el mundo es un gran jardín,
donde cada paso cuenta
y cada alma guarda un jazmín.
Al final regresó contenta,
aunque lejos quiso estar,
pues llevaba en sus pétalos
un mundo entero por contar.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados