Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un rincón muy pequeño y lindo,
había una escuelita de cuento,
donde los niños aprendían,
con risas, juegos y mucho talento.
Cada mañana, al sonar la campana,
los amigos llegaban contentos,
con libros, pinturas y sueños,
listos para aprender en un momento.
Había una maestra muy sabia,
que enseñaba con amor y paciencia,
les decía: "Siempre sean honestos,
y compartan en buena conciencia."
Un día llegó un pequeño ratón,
que quería aprender a volar,
la maestra le dijo: "No te angusties,
cada uno tiene su propio andar."
Y así, la escuelita enseñó,
que todos somos diferentes,
que lo importante es el corazón,
y ser buenos en las corrientes.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
había una escuelita de cuento,
donde los niños aprendían,
con risas, juegos y mucho talento.
Cada mañana, al sonar la campana,
los amigos llegaban contentos,
con libros, pinturas y sueños,
listos para aprender en un momento.
Había una maestra muy sabia,
que enseñaba con amor y paciencia,
les decía: "Siempre sean honestos,
y compartan en buena conciencia."
Un día llegó un pequeño ratón,
que quería aprender a volar,
la maestra le dijo: "No te angusties,
cada uno tiene su propio andar."
Y así, la escuelita enseñó,
que todos somos diferentes,
que lo importante es el corazón,
y ser buenos en las corrientes.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados