Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la noche profunda, con brillo de encanto,
las estrellas se asoman, llenas de misticismo,
un búho sabio sujeta su canto,
y dice a los niños que juegan al ritmo.
“Hoy es la noche de la gran competencia,
las estrellas brillantes quieren tomar su lugar,
cada una ha soñado con su propia esencia,
y volar por el cielo, como un nuevo cantar.”
La estrella más pequeña, con su luz titilante,
dijo con voz clara, “¡Yo quiero brillar!”
Pero un rayo de luna, con rostro radiante,
le susurró suave: “Primero debes esperar.”
“En el silencio del cielo, hay magia escondida,
no todo es correr, también es reflexionar.
Cada estrella que brilla tiene su propia vida,
y el brillo más hermoso es el que sabes dar.”
Las estrellas se alinean, empiezan la carrera,
con risas y destellos, en un juego esencial.
Pero la más pequeña, en su luz sincera,
decidió iluminar a las que estaban mal.
“Ven, hermana mía, que no te ves clara,
juntas brillaremos, ¡seremos un faro!”
Y así, con sus luces, tejieron una tara,
con amistad y amor, formaron un raro.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
las estrellas se asoman, llenas de misticismo,
un búho sabio sujeta su canto,
y dice a los niños que juegan al ritmo.
“Hoy es la noche de la gran competencia,
las estrellas brillantes quieren tomar su lugar,
cada una ha soñado con su propia esencia,
y volar por el cielo, como un nuevo cantar.”
La estrella más pequeña, con su luz titilante,
dijo con voz clara, “¡Yo quiero brillar!”
Pero un rayo de luna, con rostro radiante,
le susurró suave: “Primero debes esperar.”
“En el silencio del cielo, hay magia escondida,
no todo es correr, también es reflexionar.
Cada estrella que brilla tiene su propia vida,
y el brillo más hermoso es el que sabes dar.”
Las estrellas se alinean, empiezan la carrera,
con risas y destellos, en un juego esencial.
Pero la más pequeña, en su luz sincera,
decidió iluminar a las que estaban mal.
“Ven, hermana mía, que no te ves clara,
juntas brillaremos, ¡seremos un faro!”
Y así, con sus luces, tejieron una tara,
con amistad y amor, formaron un raro.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados