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Fiebre Roja

Isidora_Luna

Poeta recién llegado
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Me hundo sin remedio en esta fiebre roja,
bajo la noche que se descuelga, que me desuella, que me azota;
con el pulso reventado —dios cruel que ya no canta—
y el vino, tu mentira, levantándose en mi alma.

Las sombras me celebran con su risa libertina,
con la muerte recitando oraciones asesinas;
oh, mis huesos ya ebrios tiemblan, dulces, de un odio mordido,
mientras el eco de tu “siempre” se pudre en mi latido.

Furia de mi carne, oh cadáver sin dueño,
qué fácil es morir cuando se agota el sueño.
Pero viva me desgarras, me arrancas los ojos,
me arrojas al lodo, devorada por abrojos.

Así caigo esta noche —en un descenso frío—,
sin lirios, sin expiación, sin consuelo ni alivio;
mi alma hecha añicos muere en mis palabras,
pues no existe un “mañana” cuando el amor es batalla.
 
El machismo imponiéndose en la pareja en cruel batalla acaba con todo el amor y llena de sufrimiento a quien sufre su despotismo.

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Gracias por tu lectura, aunque mi poema no aborda dinámicas de poder externas, sino una batalla interna más cercana a la tradición decadentista.:):):):oops::oops:.
Ya sabéis, a veces me pongo un poco intensa con la lírica :p:p
 
cada quien lo interpreta a su manera cuando lo hace suyo al poema …
yo lo viví como una falta de autoestima que ya cansada de luchar la protagonista se entrega al destino
me gusto, te debo el acento porque no lo encuentro ;)
 
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Me hundo sin remedio en esta fiebre roja,
bajo la noche que se descuelga, que me desuella, que me azota;
con el pulso reventado —dios cruel que ya no canta—
y el vino, tu mentira, levantándose en mi alma.

Las sombras me celebran con su risa libertina,
con la muerte recitando oraciones asesinas;
oh, mis huesos ya ebrios tiemblan, dulces, de un odio mordido,
mientras el eco de tu “siempre” se pudre en mi latido.

Furia de mi carne, oh cadáver sin dueño,
qué fácil es morir cuando se agota el sueño.
Pero viva me desgarras, me arrancas los ojos,
me arrojas al lodo, devorada por abrojos.

Así caigo esta noche —en un descenso frío—,
sin lirios, sin expiación, sin consuelo ni alivio;
mi alma hecha añicos muere en mis palabras,
pues no existe un “mañana” cuando el amor es batalla.
Un vistazo íntimo a las dificultades en el amor, sus facetas más dolorosas y desgarradoras.
Es un choque entre la pasión y el sufrimiento.

Saludos
 
es algo serio
de suponer
comprensible
y ahora
uno se pregunta
por qué
siempre
en tus poemas
se ven
las tres cruces
del monte.

un saludo.
Gracias, Eloy, por leer con tanta atención.
Las tres cruces que señalas aparecen porque hay lugares del lenguaje a los que siempre se vuelve: culpa, pérdida, límite. Un paisaje insistente.
Supongo que nacen así, tal como las siento.

Un vistazo íntimo a las dificultades en el amor, sus facetas más dolorosas y desgarradoras.
Es un choque entre la pasión y el sufrimiento.
Saludos

Gracias mi querido Alde por la lectura y por compartir tu impresión...

cada quien lo interpreta a su manera cuando lo hace suyo al poema …
yo lo viví como una falta de autoestima que ya cansada de luchar la protagonista se entrega al destino
me gusto, te debo el acento porque no lo encuentro ;)

Gracias, Luna, por leerlo y por compartir tu interpretación
Cada lector lo hace suyo desde lo que vive, y eso siempre abre lecturas distintas.
Me gusta que hayas percibido en Fiebre Roja ese cansancio que no busca redención, sino decir lo que queda cuando ya no hay fuerzas para luchar.



Un abrazo y gracias a todos por la lectura y el intercambio.
 
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Me hundo sin remedio en esta fiebre roja,
bajo la noche que se descuelga, que me desuella, que me azota;
con el pulso reventado —dios cruel que ya no canta—
y el vino, tu mentira, levantándose en mi alma.

Las sombras me celebran con su risa libertina,
con la muerte recitando oraciones asesinas;
oh, mis huesos ya ebrios tiemblan, dulces, de un odio mordido,
mientras el eco de tu “siempre” se pudre en mi latido.

Furia de mi carne, oh cadáver sin dueño,
qué fácil es morir cuando se agota el sueño.
Pero viva me desgarras, me arrancas los ojos,
me arrojas al lodo, devorada por abrojos.

Así caigo esta noche —en un descenso frío—,
sin lirios, sin expiación, sin consuelo ni alivio;
mi alma hecha añicos muere en mis palabras,
pues no existe un “mañana” cuando el amor es batalla.
Aprovecho este espacio para desearles Feliz Año Nuevo 2026.
Mucha salud, prosperidad y poesía en nuestros corazones.

Les envío un saludo desde mi humilde Habana.
 
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El frío blanquecino de su piel
hace un marco de resalto
al ígneo grosor de los labios
bajo sombras sin luces.

Nanno marca su mirada
entre las palabras siseantes,
sudando minutos de exceso
y entramadas redes de pestañas.

Lo que la piel siente
es recuerdo que se siente quemar
bajos las capas visibles
de gestos inconexos.

Cada latido almacena
los deseos ansiosos,
apetitos desmedidos
que se estrangulan callados.

Caníbal culto entre carbones,
entre rosados pálpitos,
cuya única presencia
fuera una agonía deliciosa.
 
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