IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Fornicios seculares,
pudren con sus eyaculaciones,
a una inmensa vulva pestífera,
se arrastran,
las pulsaciones de un infarto divino,
en la locura la inmundicia enamora,
platónicos ardores punzan,
en donde las emociones, ciegas, vomitan,
irrefutable impulso suicida,
las alteraciones viscerales,
de un éter moribundo,
desorientan a un núcleo quebrado,
allí, donde la vida se ha parido,
allí duermen los miserables,
bajo tributos a la decadencia,
tapándose
con la carne gangrenada
de ingenuos condenados,
y aún sueñan, delirando,
solo con el combustible de su locura,
esperando, exhortados,
a que su final
les desgarre de cuajo sus conciencias.
pudren con sus eyaculaciones,
a una inmensa vulva pestífera,
se arrastran,
las pulsaciones de un infarto divino,
en la locura la inmundicia enamora,
platónicos ardores punzan,
en donde las emociones, ciegas, vomitan,
irrefutable impulso suicida,
las alteraciones viscerales,
de un éter moribundo,
desorientan a un núcleo quebrado,
allí, donde la vida se ha parido,
allí duermen los miserables,
bajo tributos a la decadencia,
tapándose
con la carne gangrenada
de ingenuos condenados,
y aún sueñan, delirando,
solo con el combustible de su locura,
esperando, exhortados,
a que su final
les desgarre de cuajo sus conciencias.