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El sueño del Minotauro

Nunca vi los pasillos como túneles,
había luz de antorchas
y el olor puro de la carne tierna.

Logré salir al mar, la noche clara,
el corazón virgen.

Y navegué a la deriva
pero una luz me condujo
de vuelta a la isla.

En el laberinto estabas tú, esperando.

Por fin comprendí que lo único real era mi hambre.
Un retorno a lo que realmente importa o un reencuentro con su ser interior.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Nunca vi los pasillos como túneles,
había luz de antorchas
y el olor puro de la carne tierna.

Logré salir al mar, la noche clara,
el corazón virgen.

Y navegué a la deriva
pero una luz me condujo
de vuelta a la isla.

En el laberinto estabas tú, esperando.

Por fin comprendí que lo único real era mi hambre.
Bellísimo poema! A veces, en la vida, en vez de avanzar a la deriva, hay que seguir el camino que nos marca ese rayito de luz... Saludos.
 
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