Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol pinta los árboles de oro brillante,
salta sobre los charcos, juega con las flores,
y convierte los senderos en caminos de caramelos.
¡Un grito!
¡Una risa!
Se convierte en mariposa que gira y gira,
hasta posarse sobre mi sombrero como un pequeño tesoro.
Mi respiración se hace brisa que acaricia las hojas,
y cada bocanada de aire huele a limonada,
mientras el viento mueve los pétalos como abanicos danzantes.
Una gota de sudor
brilla como perla sobre mi frente,
y mis dedos la sienten tibia,
como si guardara el secreto del verano.
El calor me abraza como un oso de sol gigante,
pero no duele,
me hace cosquillas y me invita a saltar, correr y cantar.
El cielo refleja su azul intenso en el río,
y todo brilla: las piedras, las flores, las aves cantoras,
como si el jardín entero estuviera celebrando un carnaval dorado.
Y mientras me siento bajo un árbol,
cierro los ojos y escucho el murmullo del verano:
el suspiro de las hojas,
el zumbido de las abejas,
el calor que envuelve todo…
y entiendo que cada instante dorado
es un secreto que el sol guarda solo para mí.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
salta sobre los charcos, juega con las flores,
y convierte los senderos en caminos de caramelos.
¡Un grito!
¡Una risa!
Se convierte en mariposa que gira y gira,
hasta posarse sobre mi sombrero como un pequeño tesoro.
Mi respiración se hace brisa que acaricia las hojas,
y cada bocanada de aire huele a limonada,
mientras el viento mueve los pétalos como abanicos danzantes.
Una gota de sudor
brilla como perla sobre mi frente,
y mis dedos la sienten tibia,
como si guardara el secreto del verano.
El calor me abraza como un oso de sol gigante,
pero no duele,
me hace cosquillas y me invita a saltar, correr y cantar.
El cielo refleja su azul intenso en el río,
y todo brilla: las piedras, las flores, las aves cantoras,
como si el jardín entero estuviera celebrando un carnaval dorado.
Y mientras me siento bajo un árbol,
cierro los ojos y escucho el murmullo del verano:
el suspiro de las hojas,
el zumbido de las abejas,
el calor que envuelve todo…
y entiendo que cada instante dorado
es un secreto que el sol guarda solo para mí.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados