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El péndulo y el poeta.

James De la rosa

Juan Carlos Tuñon
El péndulo y el poeta.

I Cunas de plata.
La luna delata
da luz a los sueños
al empeño viva
que lo que reciba
es la depresión
y la solución,
es siempre la muerte.

II Sobre la cuchilla
chillar porque baja
al grito de esquirla
corazón de caja,
encaja en la hora
una sola fuera
afuera como vez
viera una albufera
su alma esparcida
de sombra y de vida
que reciba muerto.

III La penumbra y el reloj.
En una pared sin disposición
en un diapasón, la razón le late,
debate deboto que nota que tira
la mentira es bella,
es la que rescata
y luego lo que acata
es ilusión que fuera
evolución sentimental
que trata lo fatal
del afectado que da lugar
al culto del ahora o nunca
nunca en esta hora
¿Y a qué hora era?
Enteras las tres.

IV El tajo y el filo
en el mismo aliento
decir que lo siento
sobre de mortaja.
Bajo la cizalla
calla cada vez
que salda su tempo
tiempo de morir.

Los padres:
Saber ante la falta de ilusión
tal vez un sobre pon en el cariño
que le hace falta al niño para vivir
sin tener que pedir ya sin remedio,
saber que el amor no se declina
que ya no se hace ruina su despojo
que venga de uno mismo y sus desgracias.

V La sangre y la hora.
Y estaba la ambición majestuosa
la esposa en la belleza suficiente
que mira sobre cara del doliente
y siente que le clavan un punzón,
la cruz es la actitud de su destino
opina que reclina como sombra
de ver como su obra se hace templo

VII Por verse en un verso salvador
lo que hace del mentor del menoscabo
de lo que es el recuento ejecutor
que a veces es mejor no escucharlo
que solo con mirarlo se lo dice

VIII Capas y copas, sopas de cebolla.
Tejer la alineación de la palabra
que abra como puerta de la vida
que diga que su eco es maniobra
que es obra de la voz que le persiga
la mugre que le cubre cuando explora
que siente que le aflora lo que fuera
que entienda la razón de cada verso.

IX Reinos de sueños, dueños de dreameland.
Cargar con la culpa
culpar por pesar
pasar con dolor
con rencor pasado,
así como fuera
se viera poeta
como alma violeta
violentado nunca
nuca diamantina
sueña con estrellas
ellas sobre rimas
cascadas y bellas
helas en los sueños.

X Fin y una carta de suicidio para no hacerlo nunca.
La culpa vibraba en la casa pasan
pesan como sombras cobran por familia
y al pedir cariño uno se hace frágil
y quererlo es fácil siempre es mas difícil
y así se conmovía a proponer la forma de volver
sobre la muerte.

XI La música y la flecha
En su templo versa
que terso se escucha
que lo que se enuncia
de acuñar el cielo, el velo bonito,
repito lo bello; su cuello cortado.

Zasca y mira, o el arco y la lira.
En ambos la diana al corazón,
no hay razón hay tempo y viento del alma.

XII Campana y campa.
Sonaba y anuncia
denuncia el dolor
que pasa el horror
del morir del pueblo,
una campanada
de una de las doce
en el corazón
el dolor ingrato
todo el rato duele
que lo que no quieres
es amar dolor.
Merece la pena
si invierte en amor.
Al final la gana
es el sueño eterno.

El péndulo y el poeta, y el cuento cizalla.
Vaya en doce cortes, mi aportar en sueños,
dueños de dremeland, donde todo puede
y al final posible si impasible sienta
y lo que le cuenta es viento a las doce.
Cuchilla mucho, grita. Oh, no.
 
Última edición:
I Cunas de plata.
La luna delata
da luz a los sueños
al empeño viva
que lo que reciba
es la depresión
y la solución,
es siempre la muerte.

II Sobre la cuchilla
chillar porque baja
al grito de esquirla
corazón de caja,
encaja en la hora
una sola fuera
afuera como vez
viera una albufera
su alma esparcida
de sombra y de vida
que reciba muerto.

III La penumbra y el reloj.
En una pared sin disposición
en un diapasón, la razón le late,
debate devoto que nota que tira
la mentira es bella,
es la que rescata
y luego lo que acata
es ilusión que fuera
evolución sentimental
que trata lo fatal
del afectado que da lugar
al culto del ahora o nunca
nunca en esta hora
¿Y a qué hora era?
Enteras las tres.

IV El tajo y el filo
en el mismo aliento
decir que lo siento
sobre de mortaja.
Bajo la cizalla
calla cada vez
que salda su tempo
tiempo de morir.

Los padres:
Saber ante la falta de ilusión
tal vez un sobre pon en el cariño
que le hace falta al niño para vivir
sin tener que pedir ya sin remedio,
saber que el amor no se declina
que ya no se hace ruina su despojo
que venga de uno mismo y sus desgracias.

V La sangre y la hora.
Y estaba la ambición majestuosa
la esposa en la belleza suficiente
que mira sobre cara del doliente
y siente que le clavan un punzón,
la cruz es la actitud de su destino
opina que reclina como sombra
de ver como su obra se hace templo
así comprar el cielo en el destierro
de ver que envalentona al ignorante
que suele reponerse como siente
al ente que silente le despierta
la naturaleza muerta de su vida.
Y entrañan las tinieblas procelosas.

VI Hablemos de otra cosa corazón.
Dejemos la razón para hacernos daño
suframos el apaño desesperado
de ver que se ha pasado ya su amor
que todo es un recuerdo intencionado.

VII Por verse en un verso salvador
lo que hace del mentor del menoscabo
de lo que es el recuento ejecutor
que a veces es mejor no escucharlo
que solo con mirarlo se lo dice

VIII Capas y copas, sopas de cebolla.
Tejer la alineación de la palabra
que abra como puerta de la vida
que diga que su eco es maniobra
que es obra de la voz que le persiga
la mugre que le cubre cuando explora
que siente que le aflora lo que fuera
que entienda la razón de cada verso.

IX Reinos de sueños, dueños de dreameland.
Cargar con la culpa
culpar por pesar
pasar con dolor
con rencor pasado,
así como fuera
se viera poeta
como alma violeta
violentado nunca
nuca diamantina
sueña con estrellas
ellas sobre rimas
cascadas y bellas
helas en los sueños.

X Fin y una carta de suicidio para no hacerlo nunca.
La culpa vibraba en la casa pasan
pesan como sombras cobran por familia
y al pedir cariño uno se hace frágil
y quererlo es fácil siempre es más difícil
y así se conmovía a proponer la forma de volver
sobre la muerte.

XI La música y la flecha.
En su templo versa
que terso se escucha
que lo que se enuncia
va acuñar el cielo, el velo bonito,
repito lo bello; su cuello cortado.

Zasca y mira, o el arco y la lira.
En ambos la diana al corazón,
no hay razón hay tempo y viento del alma.

XII Campana y campa.
Sonaba y anucia
denucia el dolor
que pasa el horror
del morir del pueblo,
una campanada
de una de las doce
en el corazón
el dolor ingrato
todo el rato duele
que lo que no quieres
es amar dolor.
Merece la pena
si invierte en amor.
Al final la gana es
el sueño eterno.

El péndulo y el poeta, y el cuento cizalla.
Vaya en doce cortes, mi aportar en sueños,
dueños de dremeland, donde todo puede
y al final posible si impasible sienta
y lo que le cuenta es viento a las doce.
Cuchilla mucho, grita. Oh, no.
Profunda y reflexiva poesía.

Saludos
 



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