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El Gato y la Luna

Khar Asbeel

Poeta fiel al portal
Había una vez, muy lejos de aquí, en un pequeño pueblo rodeado de majestuosas montañas, vivía un gato llamado Mittens. Este felino, color gris plateado, de aspecto elegante y ojos brillantes, poseía una singularidad que lo hacía destacar entre los demás: su eterna fascinación por la luna. No había noche en la que Mittens no se sentara en el tejado de la casa donde nació y vivía junto a sus humanos, contemplando embelesado el resplandor plateado que iluminaba el firmamento. Su corazón se estremecía al observar la belleza mística de aquel astro nocturno, y su alma anhelaba con fervor poder alcanzarlo algún día.

A medida que los años transcurrían, Mittens continuaba con su devoción hacia la luna. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos y anhelos, esta permanecía inalcanzable, como un sueño efímero que se desvanecía entre sus patas. No obstante, el gato nunca claudicó en su esperanza, y cada noche, con sus ojos fijos en el cielo estrellado, aguardaba el momento en que sus deseos se materializaran.

El tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a un ser tan maravilloso como lo es un gato. Un día fatídico, Mittens cayó gravemente enfermo y comprendió que su tiempo en la tierra llegaba a su fin. Sus humanos lo rodeaban, murmurando y llorando, sin poder hacer nada. Acongojado por dejarlos y mas aun por no haber conquistado su anhelo más preciado, el gato cerró los ojos y se sumió en un sueño profundo. Al despertar, se vio envuelto en un lugar desconocido y maravilloso, un jardin de flores blancas, translucidas, fuentes cristalinas y elegantes quioscos de marfil, que brillaban frente a un palacio de majestuosidad etérea, reluciente como una estrella.. Frente a él, resplandecía la Luna, en forma de una mujer de belleza mas allá de toda descripción, ataviada con un vestido blanco y una cabellera de plata, irradiando un aura divina. El gato supo inmediamente quien era y lloro en silencio.

La Luna, con una sonrisa radiante, se dirigió a Mittens y le dijo: “Has sido un ser extraordinario, Mittens. A lo largo de tu existencia, has dedicado tus noches a contemplar mi esplendor y nunca has cesado en tu anhelo por alcanzarme. Ahora, te llevaré a mi reino, donde podrás estar a mi lado por toda la eternidad”.

El corazón de Mittens rebosaba de felicidad y emoción mientras la luna lo conducía a su reino celestial. Allí, finalmente, el gato pudo extender su pata y tocar la Luna. Con familiaridad, salto ligero a sus brazos y ella lo estrecho contra su pecho con gran ternura. El gato sintió que por fin era completamente feliz, mientras se iba fundiéndose en un abrazo eterno con ella. Y así, Mittens vivió en dicha y armonía en aquel lugar místico y perfecto, siempre al lado de su adorada diosa , rodeado de su resplandeciente belleza y amor inmortal.

Si estas solo en la noche en un lugar silencioso donde la Luna brille con todo su esplendor, pon atención; podrás captar un sonido melódico, un suave ronroneo, que te recordara que no importa lo difícil que sea una empresa, si es un deseo puro, puedes verlo convertido en realidad.

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Había una vez, muy lejos de aquí, en un pequeño pueblo rodeado de majestuosas montañas, vivía un gato llamado Mittens. Este felino, color gris plateado, de aspecto elegante y ojos brillantes, poseía una singularidad que lo hacía destacar entre los demás: su eterna fascinación por la luna. No había noche en la que Mittens no se sentara en el tejado de la casa donde nació y vivía junto a sus humanos, contemplando embelesado el resplandor plateado que iluminaba el firmamento. Su corazón se estremecía al observar la belleza mística de aquel astro nocturno, y su alma anhelaba con fervor poder alcanzarlo algún día.

A medida que los años transcurrían, Mittens continuaba con su devoción hacia la luna. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos y anhelos, esta permanecía inalcanzable, como un sueño efímero que se desvanecía entre sus patas. No obstante, el gato nunca claudicó en su esperanza, y cada noche, con sus ojos fijos en el cielo estrellado, aguardaba el momento en que sus deseos se materializaran.

El tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a un ser tan maravilloso como lo es un gato. Un día fatídico, Mittens cayó gravemente enfermo y comprendió que su tiempo en la tierra llegaba a su fin. Sus humanos lo rodeaban, murmurando y llorando, sin poder hacer nada. Acongojado por dejarlos y mas aun por no haber conquistado su anhelo más preciado, el gato cerró los ojos y se sumió en un sueño profundo. Al despertar, se vio envuelto en un lugar desconocido y maravilloso, un jardin de flores blancas, translucidas, fuentes cristalinas y elegantes quioscos de marfil, que brillaban frente a un palacio de majestuosidad etérea, reluciente como una estrella.. Frente a él, resplandecía la Luna, en forma de una mujer de belleza mas allá de toda descripción, ataviada con un vestido blanco y una cabellera de plata, irradiando un aura divina. El gato supo inmediamente quien era y lloro en silencio.

La Luna, con una sonrisa radiante, se dirigió a Mittens y le dijo: “Has sido un ser extraordinario, Mittens. A lo largo de tu existencia, has dedicado tus noches a contemplar mi esplendor y nunca has cesado en tu anhelo por alcanzarme. Ahora, te llevaré a mi reino, donde podrás estar a mi lado por toda la eternidad”.

El corazón de Mittens rebosaba de felicidad y emoción mientras la luna lo conducía a su reino celestial. Allí, finalmente, el gato pudo extender su pata y tocar la Luna. Con familiaridad, salto ligero a sus brazos y ella lo estrecho contra su pecho con gran ternura. El gato sintió que por fin era completamente feliz, mientras se iba fundiéndose en un abrazo eterno con ella. Y así, Mittens vivió en dicha y armonía en aquel lugar místico y perfecto, siempre al lado de su adorada diosa , rodeado de su resplandeciente belleza y amor inmortal.

Si estas solo en la noche en un lugar silencioso donde la Luna brille con todo su esplendor, pon atención; podrás captar un sonido melódico, un suave ronroneo, que te recordara que no importa lo difícil que sea una empresa, si es un deseo puro, puedes verlo convertido en realidad.

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Me ha gustado realmente este escrito, porque a pesar de ser un relato entrañable sobre un gato que anhela la luna, es también una reflexión profunda sobre los sueños y la esperanza.

Saludos
 
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