Asklepios
Incinerando envidias
Es cuando las luces descalzas
comienzan su caracoleo entre
el crepúsculo y las
grietas del mar.
Allí, se apagan torpes sus
últimos rescoldos que,
parecen tan débiles, que
muchos creen que hasta
tartamudea su resplandor.
La noche comienza a levantar
su campamento de inmensa oscuridad
para, desde allí, atender y vigilar
el pasar de sus horas, y que nada
impropio suceda; que se altere
su reconocida tranquilidad.
Casi sin querer, el amanecer
avisa de su llegada, dando lugar
al comienzo de intercambio
estelar de ráfagas oscuras y
sombras de luz. ¿O son de luces
sin sombras y reflejos de oscuridad?
De todo puede ocurrir durante estas
transiciones, empeñadas en no
repetirse jamás.
Los espacios son invadidos y ocupados
por la claridad solar, hasta que más
alto no puede llegar. Se diría que, por
unos breves momentos, se permite un
mínimo descanso antes de cumplir
su misión, que es, ahora, descender
hasta volver a coincidir, un día más,
con el crepúsculo, que da paso a una
nueva, renovada e inédita nocturnidad.
comienzan su caracoleo entre
el crepúsculo y las
grietas del mar.
Allí, se apagan torpes sus
últimos rescoldos que,
parecen tan débiles, que
muchos creen que hasta
tartamudea su resplandor.
La noche comienza a levantar
su campamento de inmensa oscuridad
para, desde allí, atender y vigilar
el pasar de sus horas, y que nada
impropio suceda; que se altere
su reconocida tranquilidad.
Casi sin querer, el amanecer
avisa de su llegada, dando lugar
al comienzo de intercambio
estelar de ráfagas oscuras y
sombras de luz. ¿O son de luces
sin sombras y reflejos de oscuridad?
De todo puede ocurrir durante estas
transiciones, empeñadas en no
repetirse jamás.
Los espacios son invadidos y ocupados
por la claridad solar, hasta que más
alto no puede llegar. Se diría que, por
unos breves momentos, se permite un
mínimo descanso antes de cumplir
su misión, que es, ahora, descender
hasta volver a coincidir, un día más,
con el crepúsculo, que da paso a una
nueva, renovada e inédita nocturnidad.