poetakabik
Poeta veterano en el portal
En un reino de cielos de fuego y cristal,
donde dragones danzaban en el abisal,
nació Drako, pequeño de llama y valor,
su destino marcado: ser un gran protector.
Mas no lucharía con garras ni escamas,
ni con llamaradas que encienden las ramas;
su lucha sería contra un mundo interior,
un reino de sombras, de miedo y temor.
En su juventud, Drako era impulsivo,
un corazón ardiente, rebelde y activo.
La ira rugía, cual trueno en su pecho,
y la tristeza a veces oscurecía su lecho.,,,
Un día, en las montañas, un sabio encontró,
un Dragón de Cristal que al mundo observó.
"Joven Drako," dijo, "tu fuego es candente,
mas debes forjarte un espíritu valiente.
Enfrenta tus miedos, tu orgullo, tu llanto,
pues solo al mirarte hallarás el encanto.
Toma esta armadura, de emociones forjada,
y un escudo brillante: tu calma buscada."
Drako partió con su nueva misión,
ser caballero de cada emoción.
El primer reto fue un río embravecido,
de rabia que ardía y rugía al oído.
"Respira," pensó, "mi furia es fugaz,
como agua que corre, jamás será paz."
Cruzó aquel torrente, domando su ira,
y el escudo brilló con fuerza y con mira.
En un bosque sombrío de dudas y engaños,
donde el miedo crecía con pasos extraños,
Drako tembló al oír la tormenta,
mas recordó: "La valentía se encuentra.
No es no temer, es avanzar,
es ver la tormenta y no retroceder jamás."
Y el bosque cedió con susurrante armonía,
dejando a Drako con nueva valentía.
Por campos dorados de risa y amor,
Drako aprendió que la alegría es un don.
"Mas también es fugaz," susurró el viento,
"por eso disfrútala en cada momento."
Finalmente, en la cima de un monte brillante,
halló el Espejo del Dragón Andante.
Reflejó su tristeza, su ira, su anhelo,
y vio que en su llama danzaban los cielos.
"Soy fuego y soy lluvia, soy paz y soy guerra,
soy quien se enfrenta a lo que el alma encierra.
He aprendido que toda emoción es mi aliada,
si la acepto en mi pecho y no la hago pesada."
Drako volvió al reino, con su llama radiante,
un caballero sabio, sereno y constante.
Protegió a su gente con fuego y razón,
un héroe del alma, un dragón del corazon.
donde dragones danzaban en el abisal,
nació Drako, pequeño de llama y valor,
su destino marcado: ser un gran protector.
Mas no lucharía con garras ni escamas,
ni con llamaradas que encienden las ramas;
su lucha sería contra un mundo interior,
un reino de sombras, de miedo y temor.
En su juventud, Drako era impulsivo,
un corazón ardiente, rebelde y activo.
La ira rugía, cual trueno en su pecho,
y la tristeza a veces oscurecía su lecho.,,,
Un día, en las montañas, un sabio encontró,
un Dragón de Cristal que al mundo observó.
"Joven Drako," dijo, "tu fuego es candente,
mas debes forjarte un espíritu valiente.
Enfrenta tus miedos, tu orgullo, tu llanto,
pues solo al mirarte hallarás el encanto.
Toma esta armadura, de emociones forjada,
y un escudo brillante: tu calma buscada."
Drako partió con su nueva misión,
ser caballero de cada emoción.
El primer reto fue un río embravecido,
de rabia que ardía y rugía al oído.
"Respira," pensó, "mi furia es fugaz,
como agua que corre, jamás será paz."
Cruzó aquel torrente, domando su ira,
y el escudo brilló con fuerza y con mira.
En un bosque sombrío de dudas y engaños,
donde el miedo crecía con pasos extraños,
Drako tembló al oír la tormenta,
mas recordó: "La valentía se encuentra.
No es no temer, es avanzar,
es ver la tormenta y no retroceder jamás."
Y el bosque cedió con susurrante armonía,
dejando a Drako con nueva valentía.
Por campos dorados de risa y amor,
Drako aprendió que la alegría es un don.
"Mas también es fugaz," susurró el viento,
"por eso disfrútala en cada momento."
Finalmente, en la cima de un monte brillante,
halló el Espejo del Dragón Andante.
Reflejó su tristeza, su ira, su anhelo,
y vio que en su llama danzaban los cielos.
"Soy fuego y soy lluvia, soy paz y soy guerra,
soy quien se enfrenta a lo que el alma encierra.
He aprendido que toda emoción es mi aliada,
si la acepto en mi pecho y no la hago pesada."
Drako volvió al reino, con su llama radiante,
un caballero sabio, sereno y constante.
Protegió a su gente con fuego y razón,
un héroe del alma, un dragón del corazon.