El alba serena pinta un cielo de colores pálidos, y el sol se sonríe mientras llena, dichoso, el espejo del lago de tornasoles y brillos irisados. Las nubes se deshacen vagamente en espuma de rosas y se lavan las flores silvestres con aquella gotita diamantina que el rocío de la noche derramó de sí mismo mansamente. ¡Cuánta pureza matutina se respira en estas claras mañanas sencillas! El rumor callado del agua tiende su faz armoniosa al piar de los pájaros, manantial tranquilo de aguas quietas que suspira con la voz de la brisa fresca, soñando riente y lloroso claridades de soledad encendida. ¡Quién lavara el alma en este palpitar de claridad y de gozo! ¡Quién acogiera en sí esta serenidad callada, que con tierno alborozo se expresa en la intimidad más bella! ¡abraza mi canto en tu despertar dichoso alba serena!